¿Por qué a veces cuesta conectar con las emociones?
No todas las personas hemos aprendido a reconocer, expresar y acompañar nuestras emociones de la misma manera. A veces hemos crecido intentando no molestar, siendo fuertes, atendiendo primero a las necesidades de otras personas o aprendiendo que determinadas emociones eran difíciles de mostrar.
También puede ocurrir que, después de vivir situaciones difíciles o momentos de mucho estrés, desconectemos de lo que sentimos como una forma de protegernos. Por eso, que te cueste identificar una emoción no significa que no tengas emociones ni que haya nada malo en ti.
Quizá notas que...
Puede que te resulte difícil saber exactamente qué estás sintiendo, que notes un vacío o bloqueo cuando alguien te pregunta cómo estás, o que primero aparezca una reacción física —tensión, nudo en el estómago, cansancio, aceleración— y solo después puedas entender qué ocurre.
También puede ser complicado distinguir entre emociones parecidas, expresar lo que necesitas, poner límites o regular la intensidad de lo que sientes. Todo ello puede tener sentido dentro de tu historia y merece ser comprendido, no juzgado.
Identificar una emoción no es obligarte a sentirla
El objetivo no es aprender a controlar cada emoción ni conseguir estar bien todo el tiempo. Las emociones cumplen funciones y pueden aportar información sobre lo que necesitamos, lo que valoramos o lo que percibimos como importante.
En terapia podemos ir aprendiendo poco a poco a reconocer las señales del cuerpo, poner palabras a lo que aparece, diferenciar emociones y comprender qué hay detrás de determinadas reacciones. Siempre respetando el ritmo y los recursos de cada persona.
¿Y si siento demasiado?
A veces ocurre lo contrario: no cuesta identificar lo que sentimos, sino que la emoción aparece con tanta intensidad que parece imposible manejarla. En esos casos, trabajar la regulación no significa apagar la emoción, sino desarrollar recursos para poder permanecer en contacto con ella sin sentir que te desborda.
Desde un enfoque integrador informado en trauma, podemos tener en cuenta tanto lo que está ocurriendo en el presente como la historia que puede estar relacionada con determinadas formas de reaccionar.
Un proceso para entenderte, no para pelearte contigo
Cuando una emoción resulta incómoda, es fácil terminar luchando contra ella, intentando que desaparezca o criticándonos por sentirla. Podemos explorar otra posibilidad: acercarnos con curiosidad y comprender qué intenta comunicar o proteger esa parte de ti.
La terapia puede ayudarte a construir una relación más segura con tu mundo interno, integrar distintas herramientas y trabajar, cuando sea adecuado, desde la raíz del malestar.